El alba canta por los cerros
Desde una quebrada porteña, el alba avanza sin prisa y parece despejar la respiración antes de comenzar el día. El canto de las aves junto al agua ordena los pensamientos y sostiene una calma atenta para meditar. La brisa marina lleva esa armonía por los cerros, bajando la tensión sin adormecer el ánimo. Es un respiro breve antes del trabajo o un regreso al centro cuando la ciudad empieza a pedir demasiado.
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